El gasolinazo disfrazado que hemos sufrido en las últimas semanas acaparó la atención del Gobierno Federal, y se entiende, pero nadie ha volteado a ver lo que ocurre con los precios del gas, particularmente el Gas Lp (licuado de petroleo).
La guerra que emprendieron Estados Unidos e Israel contra Irán, y todos sus daños colaterales, dispararon los precios de los hidrocarburos. Entre ellos está el gas, pero parece que nadie quiere verlo.

Los esfuerzos de la Presidenta y su gabinete se concentran en contener el gasolinazo, pero no han querido voltear a ver la crisis en la industria del Gas Lp. Claro, el volumen de ventas de gasolinas y diesel es mayor, pero el mercado de distribución de gas es tan importante que debería considerarse de seguridad nacional.
En México hay más de 100 millones de usuarios de Gas Lp, por lo que no se entiende el desprecio del gobierno, particularmente de Luz Elena González Escobar, secretaria de energía, y Juan Carlos Solís Ávila, director general de la Comisión Nacional de Energía. Incluso, fuentes con acceso a su primer círculo aseguran que la presienta Claudia Sheinbaum no quiere saber nada del gas. A los distribuidores nadie los ha escuchado, nadie los ha recibido.
Desde tiempos de Andrés Manuel López Obrador la industria del Gas Lp ha vivido una crisis sorda, silenciosa e ignorada. Comenzó con el tope a las utilidades de los distribuidores, porque han tenido que absorber las fluctuaciones del precio internacional a costa de sus utilidades. Poco después, agosto de 2021, inició Gas Bienestar, otro de los proyectos populistas de López Obrador que fracasó también.

Hoy, las empresas distribuidoras de Gas Lp han reducido su margen de utilidad casi a cero. Es decir, están sobreviviendo, lo que no es buena señal. Cualquier empresa, micro pequeña o grande, incluso las paraestatales, necesitan utilidades para no quebrar. Porque las utilidades no van directo a los bolsillos de los dueños. Siendo la distribución de gas una industria de alto riesgo, la falta de utilidades impide que se invierta en mantenimiento, equipamiento, capacitación, seguros, etcétera. Y, claro, existe el riesgo de que se empiecen a cerrar plantas. Eso se traduciría en desabasto.
