Los trastornos alimenticios en hombres sufren un grave subdiagnóstico que posterga el acceso a tratamientos adecuados hasta por cinco años, según reportó la Secretaría de Salud. Factores sociales, la invalidación de síntomas y la falta de perspectiva de género en el personal médico impiden una detección temprana de estas afecciones mentales en la población masculina.
Retraso clínico y barreras de género en la salud masculina
La atención de las patologías asociadas a la salud mental y la nutrición enfrenta una severa brecha de género en el sector salud. De acuerdo con José Eduardo Otáñez Ludick, académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM, los varones suelen postergar la consulta médica hasta que la enfermedad resulta insoportable. Al intentar buscar apoyo, la sintomatología suele ser minimizada por el entorno social y por los profesionales de la medicina.
Esta falta de capacitación y de sensibilidad con perspectiva de género provoca que los especialistas descarten los indicios de conductas de riesgo en pacientes masculinos. Como consecuencia directa de este fenómeno, los hombres con alteraciones conductuales tardan un lustro más que las mujeres en recibir un dictamen clínico correcto, lo que cronifica el padecimiento y eleva los riesgos de complicaciones orgánicas.
La invisibilidad del problema se perpetúa debido a que las estadísticas tradicionales se nutren casi en su totalidad de registros femeninos. Al no acudir a los consultorios o ser ignorados por los evaluadores, los varones quedan fuera de los padrones oficiales. Esto genera la falsa percepción social de que estas alteraciones patológicas no afectan a los integrantes del género masculino.

El testimonio de Carlos: una detección tardía
El caso de Carlos Eduardo Graterol, estudiante de Teatro de la Universidad Nacional, ejemplifica las barreras del trastornos alimenticios en hombres. Carlos desarrolló conductas alimentarias de riesgo (CAR) desde su infancia, condicionadas por comentarios familiares y escolares sobre su sobrepeso y la obligación de cumplir con dietas restrictivas. Sin embargo, su diagnóstico formal llegó por primera vez a los 28 años de edad.
Durante su adolescencia, el estudiante experimentó un punto de quiebre al realizar rutinas de ejercicio excesivo y suspender casi por completo la ingesta de alimentos, perdiendo entre 15 y 20 kilogramos en dos meses. A pesar de los signos evidentes de emaciación, el entorno escolar normalizó la conducta. Posteriormente, el joven comenzó a manifestar periodos de atracones, ayunos punitivos y un aislamiento social prolongado.
El afectado relató que le tomó año y medio confesar sus síntomas a un terapeuta debido al sentimiento de vergüenza y al miedo al juicio social. Tras ser canalizado por diversos especialistas que atribuyeron sus malestares a un cuadro de ansiedad generalizada, una especialista en nutrición identificó finalmente que las conductas correspondían a una alteración patológica de la alimentación.
Diversidad de los TCA y sus consecuencias en la salud integral
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) representan alteraciones de la salud mental donde el comportamiento hacia la comida se modifica de forma patológica. El origen de estas enfermedades es multicausal, aludiendo a elementos familiares (crianzas rígidas o permisivas), sociales (ideales de belleza), biológicos (factores hormonales) y psicológicos (perfeccionismo u obsesión corporal).
- Anorexia nerviosa: Consiste en una disminución drástica del índice de masa corporal hacia niveles que ponen en riesgo la estabilidad orgánica.
- Bulimia y trastorno por atracón: Se caracterizan por ingestas desmesuradas de alimentos en lapsos breves, acompañadas o no de purgas, vómitos e ingesta de laxantes.
- Vigorexia y Ortorexia: Corresponden a la fijación patológica por ganar volumen muscular o mantener una dieta restrictiva considerada extremadamente limpia.
- Pica y Rumiación: Implican el consumo de sustancias no comestibles (yeso, gis o cabello) o la regurgitación constante de los alimentos ingeridos.
Las repercusiones físicas de estos padecimientos abarcan daños severos en los sistemas digestivo y cardiaco. En el ámbito psicológico, se desencadenan cuadros de depresión, ansiedad y aislamiento, incrementando de manera sustancial el riesgo de suicidio. Los especialistas advierten que, de no mediarse una intervención multidisciplinaria, el desenlace clínico puede ser la muerte del paciente.

Prevalencia estadística y la evolución de las masculinidades
Los datos estadísticos sobre los trastornos alimenticios en hombres en el territorio mexicano continúan siendo limitados. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua (Ensanut 2022) reveló que el 1.2% de los hombres adolescentes se encontraban en riesgo de desarrollar un TCA, una cifra superior al 0.4% registrado en el año 2006.
El incremento en los indicadores estadísticos no se traduce de forma obligatoria en un aumento neto de enfermos, sino en una mayor visibilización del problema. Los expertos de la UNAM sostienen que las transformaciones culturales en torno a las masculinidades han permitido que los varones experimenten una visión más libre sobre el cuidado de su cuerpo, disminuyendo los estigmas al buscar soporte médico formal.
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