El deterioro de la memoria, un proceso que suele atribuirse exclusivamente al cerebro, podría estar comenzando en realidad en el aparato digestivo. Un experimento reciente con ratones ha constatado que la inflamación gastrointestinal y los cambios microbianos asociados son factores directos del daño cognitivo relacionado con la edad.
Este estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature, fue elaborado por un equipo internacional de investigadores de centros estadounidenses y europeos. El descubrimiento arroja luz sobre una de las grandes incógnitas del envejecimiento: por qué, entre personas de la misma edad, algunas presentan un deterioro de la memoria significativamente mayor que otras.
El camino hacia la pérdida de memoria
La investigación detectó una ruta biológica específica que conecta la salud del colon con la capacidad cognitiva. Este proceso se divide en tres etapas fundamentales:
- Alteración Microbiana: El proceso inicia con el envejecimiento gastrointestinal, lo que provoca alteraciones microbianas y metabólicas.
- Detección de Células Mieloides: Las células mieloides del intestino detectan estos cambios y generan una respuesta inflamatoria.
- Bloqueo del Nervio Vago: Esta inflamación perjudica la conexión entre el intestino y el cerebro a través del nervio vago, la “superautopista” de información del cuerpo.
Afortunadamente, la investigación también trajo buenas noticias: al restaurar la actividad del nervio vago en ratones viejos, su función de memoria recuperó niveles similares a los de un animal joven. Esto abre expectativas prometedoras para tratamientos futuros, considerando que la estimulación de este nervio ya está aprobada en humanos para tratar condiciones como la epilepsia.

El estudio bajo la ciencia
Para demostrar esta conexión, los científicos realizaron un experimento donde alojaron a ratones jóvenes (2 meses) con ratones viejos (18 meses) durante un mes. Debido a la convivencia y la exposición mutua a su microbiota, los microbiomas de los ejemplares jóvenes terminaron pareciéndose a los de los animales viejos.
Los resultados fueron contundentes: los ratones jóvenes con microbiomas envejecidos obtuvieron malos resultados en pruebas de reconocimiento de objetos y laberintos, comportándose cognitivamente como ratones viejos. Por el contrario, al recuperar su microbioma original mediante el uso de antibióticos, los ratones recuperaron su función cognitiva juvenil.
¿Cuál es la bacteria clave?
El estudio identificó a un componente específico del microbioma envejecido que impulsa este proceso: la bacteria ‘Parabacteroides goldsteinii’. Su presencia aumenta de forma natural con la edad, generando una inflamación que desactiva las funciones del nervio vago.
Los investigadores confirmaron que colonizar a ratones jóvenes con esta bacteria provocaba una pérdida inmediata de sus capacidades en tareas de memoria. Sin embargo, al tratar a ratones viejos con una molécula que activa el nervio vago, su rendimiento cognitivo se volvió indistinguible del de los animales jóvenes.
“Nuestra esperanza es que, en última instancia, estos hallazgos puedan trasladarse a la clínica para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad en las personas”, afirmó Christoph Thaiss, uno de los autores del estudio perteneciente al Instituto de Investigación Arc de California. Este trabajo refuerza la idea de que la señalización correcta del intestino al cerebro es vital para proteger nuestra mente a medida que envejecemos.

ES DE INTERÉS: Golpe de calor en México: Síntomas de alerta ante las altas temperaturas
