El gobierno de Australia formalizó su integración a la misión militar internacional liderada por Francia y el Reino Unido, cuyo objetivo principal es custodiar la navegación en el estrecho de Ormuz. Esta decisión surge en un contexto de máxima volatilidad regional, derivada del conflicto armado entre Irán, Estados Unidos e Israel, situación que ha puesto en jaque la estabilidad del comercio energético global.
Richard Marles, ministro de Defensa australiano, fue el encargado de confirmar la postura de Canberra. El funcionario enfatizó que la participación de su país se enmarca en una operación de carácter “estrictamente defensiva”. Bajo la coordinación de Londres y París, la intención de Australia es sumar capacidades técnicas para asegurar que la seguridad marítima no se vea comprometida por las hostilidades actuales.

Aporte logístico y vigilancia aérea
Para concretar este apoyo, el Ejecutivo australiano anunció que pondrá a disposición de la coalición un avión de vigilancia Wedgetail E-7A. Esta aeronave ya se encuentra operativa en la región de Medio Oriente, donde desempeñaba tareas de protección en favor de Emiratos Árabes Unidos ante la amenaza de ataques con drones provenientes de territorio iraní. Ahora, su radio de acción se ampliará para monitorear el flujo naviero en una zona donde transita cerca del 20% del crudo mundial.
Esta iniciativa no es un esfuerzo aislado; se suma a una coalición multinacional integrada por más de 40 naciones. El plan de acción contempla la coordinación de patrullajes exhaustivos, escoltas a buques comerciales y tareas de vigilancia constante. La prioridad es evitar que el estrecho de Ormuz, punto estratégico que une el golfo Pérsico con el océano Índico, permanezca bloqueado o bajo amenaza directa.
Liderazgo europeo y refuerzo de capacidades
La misión es encabezada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer. Desde Londres, el ministro de Defensa del Reino Unido, John Healey, detalló que su país reforzará la fuerza multinacional con el despliegue del destructor HMS Dragon, aviones Typhoon y sistemas avanzados de detección de minas y tecnología antidrones.

A la par de estos esfuerzos, la Unión Europea analiza la expansión de la operación naval “Aspides”. Este mecanismo, nacido en 2024 para enfrentar a los rebeldes hutíes en el mar Rojo, podría extender su jurisdicción hacia Ormuz para colaborar con los activos de Francia y el Reino Unido. Mientras tanto, la Agencia Internacional de Energía mantiene la alerta sobre la caída de reservas petroleras, advirtiendo que el éxito de esta vigilancia es vital para evitar nuevas alzas en los precios internacionales del crudo.
