El panorama crediticio de México enfrenta un periodo de alta complejidad bajo la vigilancia de las principales agencias internacionales. Standard & Poor’s (S&P), Fitch Ratings y Moody’s Ratings coinciden en señalar tres temas críticos que pesan sobre la nota soberana del país: el bajo dinamismo del Producto Interno Bruto (PIB), las presiones sobre el erario y la carga financiera que representa Petróleos Mexicanos (Pemex).
A pesar de lo anterior, México logra mantenerse dentro del grado de inversión, según las calificadoras.
Moody’s Ratings
Redujo este miércoles la nota crediticia de México de Baa2 a Baa3, ajuste que coloca al país a un solo escalón de perder su estatus como destino seguro para la inversión.

La agencia justificó esta degradación a partir de un “debilitamiento sostenido” en la estructura fiscal y un aumento progresivo de la deuda pública. No obstante, la firma modificó la perspectiva de negativa a estable, con el argumento de que la política monetaria aún posee capacidad de respuesta ante imprevistos.

S&P Global Ratings
Ajustó la semana pasada su perspectiva de “estable” a “negativa”, aunque ratificó la calificación en BBB. Este cambio responde a la posibilidad de que el proceso de consolidación fiscal sea más lento de lo que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) proyectó en sus planes originales.
Ante esta decisión, la SHCP sostuvo que la calificación reconoce los fundamentos macroeconómicos sólidos y la capacidad de la nación para acceder a los mercados internacionales de capital.
El peso de Pemex se mantiene como una variable constante en los análisis de las calificadoras.


Fitch Ratings
La calificadora, que ratificó en el mes de abril la nota en ‘BBB’ con perspectiva estable en abril pasado, advirtió que un aumento rápido de la deuda pública o mayores pasivos contingentes asociados a la petrolera podrían derivar en un deterioro de la calificación. La agencia subrayó que el dinamismo económico será limitado y que la credibilidad de la política económica resulta vital para evitar escenarios de degradación severa.
En el horizonte de mediano plazo, Fitch Ratings estima un crecimiento de 1.7 por ciento para la economía mexicana en 2026. Este avance se atribuye a una disminución en los efectos restrictivos de las políticas fiscal y monetaria actuales. Un factor atípico de impulso mencionado por la agencia es la actividad económica que generará la celebración del Mundial de Futbol, evento que podría mitigar parcialmente el letargo del mercado interno.
A pesar de las advertencias, las calificadoras reconocen que el marco de política macroeconómica prudente ha evitado desequilibrios mayores hasta el momento. Sin embargo, el monitoreo continúa sobre los riesgos latentes en un entorno global de volatilidad y condiciones financieras restrictivas.
