El Banco de México (Banxico) redujo de 1.6 a 1.1 por ciento su pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para el año 2026, atribuyendo un desempeño productivo considerablemente más débil respecto a las proyecciones iniciales.
De acuerdo con el Informe Trimestral correspondiente al periodo enero-marzo de 2026, el PIB reportó un retroceso de 0.62 por ciento a tasa trimestral desestacionalizada. Esta caída responde a disminuciones en los tres grandes sectores de la actividad económica del país.
En conferencia de prensa, la gobernadora del Banxico Victoria Rodríguez, detalló las condiciones del dinamismo interno:
“Se aprecia aquí que la economía atraviesa un periodo de crecimiento bajo, pero positivo; la disminución de la actividad económica en el primer trimestre de 2026 fue resultado de descensos en los tres grandes grupos de actividad. Respecto de la actividad económica para este año, revisamos la proyección puntual del crecimiento del PIB de 1.6 por ciento a 1.1 por ciento”, sostuvo.
A pesar de la contracción inicial, Banxico elevó ligeramente la previsión de crecimiento para 2027, al pasar de un estimado previo de 2 por ciento a una tasa de 2.1 por ciento.

La expectativa institucional apunta a una reactivación paulatina a partir del segundo trimestre del año, impulsada por la demanda externa.
Sin embargo, factores como la inversión privada mantendrán un perfil plano hasta la segunda mitad de 2026 debido al ambiente de incertidumbre por la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Presiones en energéticos elevan la inflación
El balance macroeconómico de Banxico incluyó revisiones al alza para las trayectorias de la inflación general y subyacente de los próximos meses.
Las proyecciones del índice general para el segundo trimestre de 2026 pasaron de 3.8 a 4.1 por ciento, mientras que el cálculo para el tercer trimestre subió de 3.6 a 3.8 por ciento. El estimado para el cierre del año se mantuvo sin cambios en 3.5 por ciento.

El componente subyacente —que elimina los bienes y servicios de mayor volatilidad— también mostró presiones al alza, con incrementos de 4 a 4.1 por ciento en el segundo trimestre, y de 3.6 a 3.7 por ciento en el tercero.
Además, el banco central explicó que este comportamiento responde a costos más elevados en el rubro no subyacente, derivado de incrementos mayores a los previstos en los precios de los energéticos y de los productos agropecuarios.
Sobre la permanencia de estos choques en los bolsillos de la población, Victoria Rodríguez expuso el panorama de largo plazo:
“Esto es congruente con la expectativa de que las medidas impositivas adoptadas a inicios de este año y otros choques sobre el componente no subyacente tendrán efectos temporales. En lo referente a las expectativas de inflación de largo plazo, si bien estas se encuentran por arriba de nuestra meta de inflación general de 3.0 por ciento, resaltaría la poca variación que han tenido en los últimos años”, sostuvo.
